La inteligencia artificial es una fábrica de respuestas a gran velocidad, pero las bibliotecarias médicas somos el control de calidad del conocimiento

La IA puede procesar información, resumir documentos, sugerir términos, redactar textos aparentemente impecables y ayudarnos en muchas tareas. Pero no tiene responsabilidad profesional, no tiene memoria institucional, no entiende el daño que puede causar una mala evidencia en una decisión clínica y, desde luego, no va a presentarse en un comité a explicar por qué una revisión sistemática está mal planteada.

Su utilidad es enorme, pero sus límites también lo son. Y en ciencias de la salud esos límites no son un asunto menor: una respuesta convincente, pero falsa o metodológicamente débil, puede influir en decisiones clínicas, docentes, investigadoras o de gestión.

El valor del juicio crítico

Nuestro valor diferencial está en el juicio crítico. En saber cuándo una respuesta es brillante pero falsa; cuándo una búsqueda parece suficiente, pero deja fuera estudios clave; cuándo una herramienta promete evidencia y en realidad entrega una mezcla de resúmenes, sesgos y referencias fantasma; cuándo un documento está muy bien escrito, pero metodológicamente no se sostiene.

Ahí las bibliotecarias de ciencias de la salud tenemos un papel muy claro: somos árbitras de la realidad. Y sé que suena un poco solemne, pero en este momento hace falta cierta solemnidad. Porque estamos entrando en una etapa en la que producir texto será facilísimo, producir apariencia de conocimiento será baratísimo y distinguir lo fiable de lo dudoso será cada vez más difícil.

Hay además un problema de escala. La IA permite producir contenidos a una velocidad muy superior a nuestra capacidad humana para revisarlos. Y no, la solución no puede ser simplemente poner otra IA a validar lo que la primera IA ha generado, porque precisamente lo que está en juego es la confianza en ese proceso. Una herramienta puede ayudar a detectar errores o priorizar revisiones, pero no puede asumir la responsabilidad de decidir qué aceptamos como evidencia.

Ese desfase entre producción automática y validación humana es uno de los grandes desafíos que vienen. Y ahí las bibliotecas de ciencias de la salud tienen un papel incómodo pero imprescindible: recordar que más contenido no significa más conocimiento, y que una respuesta generada en segundos puede necesitar mucho más que segundos para ser considerada fiable.

Por eso, en este contexto, la biblioteca no puede limitarse a enseñar “herramientas de IA”. Tiene que enseñar a pensar con IA, contra la IA cuando haga falta, y más allá de la IA siempre.

La metáfora: una fábrica de respuestas

Para explicarlo de forma gráfica, he utilizado esta imagen: un hospital del futuro convertido casi en una fábrica de conocimiento asistida por inteligencia artificial. La IA produce en cadena artículos, guías clínicas, informes, resúmenes, referencias y recomendaciones con una apariencia impecable. Todo parece rápido, limpio, eficiente y profesional. Pero algunos de esos productos llevan señales de alerta: sesgo, evidencia débil, fuente no verificada, referencia fantasma, riesgo de alucinación.

La IA puede producir respuestas a gran velocidad; la biblioteca garantiza que esas respuestas sean fiables, trazables, éticas y útiles para la toma de decisiones en salud.

En primer plano aparece una bibliotecaria de ciencias de la salud revisando esos productos como si fuera una inspectora de control de calidad. No está compitiendo con la máquina en velocidad. No pretende producir más documentos que la IA. Su función es otra: comprobar la trazabilidad, evaluar la calidad metodológica, detectar errores, valorar la aplicabilidad clínica, revisar la evidencia y decidir qué puede considerarse fiable.

La metáfora es sencilla: la inteligencia artificial puede ser una fábrica de respuestas; las bibliotecarias somos el control de calidad del conocimiento. Y en salud, esto no es una cuestión estética ni corporativa. Una respuesta rápida pero falsa no es innovación: es riesgo con buena presentación.

La inteligencia artificial puede ser una fábrica de respuestas; las bibliotecarias somos el control de calidad del conocimiento.

Ética, privacidad y responsabilidad

También aportamos ética profesional. La IA no tiene deontología. No defiende la privacidad del usuario. No se preocupa por la equidad en el acceso. No se pregunta si una herramienta discrimina, si sus datos de entrenamiento son representativos, si sus resultados son transparentes o si está trasladando al usuario una falsa sensación de certeza. Nosotras sí deberíamos hacerlo.

Y, además, deberíamos estar en las mesas donde se decide qué herramientas se compran, cómo se implantan, con qué garantías, con qué límites y con qué evaluación. La incorporación de IA en instituciones sanitarias y académicas no debería ser solo una decisión tecnológica o comercial. También es una decisión ética, informacional y metodológica.

Investigación: la búsqueda no es apretar un botón

En investigación, nuestro valor es todavía más evidente. En una revisión sistemática, la IA puede ayudar en el cribado, en la extracción o en la organización de información, pero no sustituye la arquitectura intelectual de una búsqueda reproducible, sensible, transparente y justificable.

Traducir una pregunta clínica compleja en una estrategia de búsqueda no es apretar un botón: es tomar decisiones metodológicas, documentarlas y responder por ellas. Y eso, aunque a veces se olvide, es conocimiento experto.

Clínica: medicina inteligente, decisiones humanas

En clínica, el reto será parecido. La medicina se dirige hacia modelos cada vez más basados en datos, sistemas de apoyo a la decisión, algoritmos predictivos y herramientas integradas en la historia clínica. Pero la consigna debería seguir siendo muy sencilla: medicina inteligente, decisiones humanas.

Y en esa cadena de decisiones humanas, la biblioteca puede aportar algo esencial: evidencia validada, contexto, trazabilidad y prudencia.

La mediación humana también cuenta

Luego está el componente humano, que conviene no romantizar, pero tampoco despreciar. La IA puede contestar; una bibliotecaria puede acompañar. Puede entender que detrás de una pregunta hay una tesis bloqueada, un residente perdido, una enfermera preparando una sesión, un clínico con una duda real o un paciente asustado.

Esa mediación humana, esa capacidad de traducir complejidad sin aplastar a quien pregunta, no es un adorno: es parte del servicio.

La advertencia: la IA también genera sobrecarga

Ahora bien, quiero añadir una advertencia. Me preocupa que se nos pida ser líderes en IA con la misma plantilla, el mismo tiempo, el mismo presupuesto y, si puede ser, con una sonrisa.

Hay mucho discurso épico sobre la adaptación, pero poca conversación sobre la sobrecarga. La IA está generando nuevas tareas: formación, evaluación de herramientas, guías de uso, apoyo a investigadores, dudas docentes, problemas éticos, privacidad, derechos de autor, sesgos, integridad científica. Todo eso no se sostiene solo con vocación.

La vocación es magnífica, pero no debería ser el nombre elegante de trabajar siempre por encima de nuestras posibilidades.

Así que mi respuesta sería: lo que la IA no puede sustituir es nuestro juicio profesional, nuestra responsabilidad ética, nuestra capacidad de mediación, nuestra comprensión del contexto institucional y nuestra función como garantes de confianza. Pero para ejercer ese papel necesitamos algo más que entusiasmo tecnológico. Necesitamos reconocimiento, formación, tiempo, estructura y presencia estratégica.

Porque si la institución quiere que la biblioteca sea el “humano confiable en el bucle”, tendrá que dejar de tratarnos como el enchufe múltiple al que se conecta todo lo que nadie sabe dónde poner.

La IA no nos sustituirá por saber más que nosotras; nos sustituirán las instituciones si aceptan que una respuesta rápida vale más que una respuesta fiable.

Entre la vocación y la sobrecarga: el impacto humano de la IA en bibliotecas

Hablamos mucho de lo que la IA puede hacer en bibliotecas. Quizá no hablamos suficiente de lo que está exigiendo a quienes trabajan en ellas.

Este guest post de The Scholarly Kitchen (https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/03/04/guest-post-ai-fatigue-and-vocational-awe-in-academic-libraries/) aborda un tema muy pertinente: la fatiga asociada a la IA en bibliotecas académicas. No desde el rechazo a la tecnología, sino desde una mirada profesional y organizativa.

La tesis es clara: la implantación acelerada de herramientas de IA generativa está añadiendo nuevas tareas, nuevas expectativas y nuevas presiones sobre el personal bibliotecario. Formación, acompañamiento, criterios de uso, resolución de dudas, elaboración de materiales, apoyo a docentes e investigadores… Todo ello, muchas veces, sobre estructuras ya tensionadas.

El artículo recupera además el concepto de idealización vocacional (conocido en la literatura anglosajona como vocational awe) y su intersección con la inteligencia artificial en el ámbito bibliotecario, útil para pensar cómo en bibliotecas a veces se normaliza asumir más responsabilidades en nombre del servicio, la adaptación o la misión profesional.

Porque la transformación digital no se sostiene solo con herramientas, se sostiene con personas. La IA no debe ser una frontera más que el bibliotecario deba conquistar mediante el sacrificio individual.

Y si las instituciones quieren una integración responsable de la IA, no basta con pedir liderazgo al personal bibliotecario: hace falta tiempo, apoyo, formación, reconocimiento y una estructura real de acompañamiento.

Una lectura muy recomendable para bibliotecarios, responsables académicos y gestores que quieran pensar la IA no solo como innovación, sino también como cambio organizativo con impacto humano.

Literatura gris en revisiones sistemáticas: por qué no deberíamos pasarla por alto

Cuando hablamos de revisiones sistemáticas, solemos pensar en búsquedas en múltiples bases de datos bibliográficas con estrategias booleanas extensas y complejas. Pero tenemos que recordar que una parte de la evidencia relevante no siempre llega a las revistas científicas o no lo hace con la misma rapidez ni visibilidad. Ahí es donde entra la literatura gris. Tesis, informes técnicos, registros de ensayos, resúmenes de congresos o documentos regulatorios pueden aportar información valiosa para reducir sesgos, completar el mapa de la evidencia y mejorar la transparencia del proceso de revisión. Buscarla no siempre es sencillo, pero ignorarla sin justificación puede debilitar una síntesis.

Empecemos por lo básico: qué entendemos por literatura gris

La literatura gris suele definirse como aquella producción científica o técnica generada por instituciones académicas, administraciones, organismos, empresas o industrias que no está controlada por los circuitos editoriales comerciales habituales (1). Una de las características que mejor define a la literatura gris es, precisamente, su dificultad de localización. En primer lugar porque queda fuera de los circuitos convencionales de indexación, búsqueda y difusión científica. Además, a menudo está dispersa, mal descrita, alojada en plataformas heterogéneas o en sitios web poco estables, lo que obliga a diseñar estrategias de búsqueda más abiertas, más manuales y mejor documentadas.

¿Y qué entra dentro de este grupo? Tenemos, entre otros, las tesis doctorales, los informes técnicos, la documentación de agencias reguladoras, las actas o resúmenes de congresos, los registros de ensayos clínicos y los preprints.

Resulta llamativo que, pese a la importancia metodológica de rastrear literatura gris, algunos manuscritos de revisiones sistemáticas sigan indicando como motivo de exclusión que un estudio no haya sido publicado en una revista con revisión por pares, como si el canal de publicación pudiera sustituir por sí mismo la valoración crítica de su relevancia y su calidad metodológica.

Por qué importa en una revisión sistemática

La principal razón para buscar literatura gris es metodológica. Su inclusión puede ayudar a reducir el sesgo de publicación, es decir, la tendencia a que los estudios con resultados positivos o estadísticamente significativos tengan más probabilidades de publicarse en revistas que aquellos con resultados nulos o negativos (1).

Esto tiene consecuencias directas en la síntesis de la evidencia. Si una revisión incorpora solo estudios publicados en revistas, puede ofrecer una imagen incompleta o sesgada del efecto real de una intervención; dejar fuera determinadas fuentes puede afectar a la estimación final (2). Un ejemplo es el que Man-Son-Hing y cols. encontraron del uso de la quinina para calambres nocturnos: los ensayos publicados reportaron estimaciones de eficacia aproximadamente un 50% mayores que los documentos de la FDA (3). En otro caso, varias revisiones sistemáticas de estudios publicados informaron que la agomelatina era un tratamiento eficaz para la depresión, pero no se demostró ningún efecto del tratamiento cuando se incluyeron siete estudios no publicados. Otros ejemplos de sesgo de publicación incluyen oseltamivir para la influenza en adultos, estatinas para la prevención de eventos tromboembólicos venosos y reboxetina para la depresión (4).

Además, también es especialmente útil para identificar datos de seguridad y eventos adversos que en ocasiones quedan menos desarrollados en los artículos de revista y solo se encuentra en documentos no publicados o regulatorios (5).

Y por último, otra razón importante es que permite detectar estudios en curso o nunca publicados.

MotivoExplicación
Reducir el sesgo de publicación– Evitar o minimizar el sesgo de publicación; – Contrarrestar visiones incompletas de la evidencia (p. ej., salud cerebral, deterioro de la función renal);
– Abordar el efecto cajón (file drawer effect), en el que los resultados negativos permanecen sin publicar.
Mejorar la exhaustividad– Garantizar la recuperación de todos los estudios elegibles, incluidos los no publicados y no indexados;
– Incrementar la generalizabilidad, la exhaustividad y el tamaño muestral;
– Integrar fuentes publicadas y no publicadas para construir una base de evidencia más completa.
Acceso a estudios no publicados o en curso– Identificar tesis doctorales, disertaciones, informes técnicos, informes gubernamentales y actas de congresos;
– Localizar ensayos no publicados o en curso mediante registros;
– Localizar investigación temprana o en desarrollo aún no publicada en revistas revisadas por pares.
Evidencia del mundo real y específica del contexto– Incluir evidencia procedente de la práctica clínica habitual (p. ej., efectividad vacunal postcomercialización, experiencias en fisioterapia, teletrabajo durante la COVID-19);
– Incorporar perspectivas diversas más allá de los ensayos clínicos, incluyendo enfoques organizativos y gubernamentales;
– Identificar marcos, modelos y lagunas en políticas nacionales (p. ej., entorno escolar canadiense, teoría del confort de Kolcaba).
Ampliación del alcance y mapeo conceptual– Mapear de forma completa modelos conceptuales, marcos y estrategias;
– Aportar complejidad situacional y diversidad de perspectivas (p. ej., revisiones de alcance con enfoque iterativo);
– Captar definiciones y estrategias que no siempre son visibles en la literatura revisada por pares.
Modificada y traducida de: Khalil H., Johns-Hayden A., Kynoch K. Guidance to including grey literature in systematic reviews-recommendations from an epidemiological study. Journal of Clinical Epidemiology. 2026:112222, doi: 10.1016/j.jclinepi.2026.112222.

Cuándo puede ser especialmente relevante

En áreas con fuerte presencia de la industria, como ensayos con fármacos o dispositivos, porque los intereses comerciales pueden influir en qué resultados llegan a publicarse y cuáles no. También en tecnologías sanitarias emergentes, donde la evidencia puede aparecer antes en informes técnicos, documentos de agencias o preprints que en revistas indexadas.

Resulta igualmente relevante en revisiones sobre políticas públicas, programas o implementación, donde parte de la información útil procede de organismos oficiales, instituciones o documentos técnicos. Y en temas con escasa literatura publicada, los resúmenes de congresos, tesis y otras fuentes no convencionales pueden aportar estudios o datos que ayuden a completar el panorama.

Qué fuentes conviene tener en cuenta

Entre las fuentes más relevantes en salud destacan los registros de ensayos clínicos, como ClinicalTrials.gov o la plataforma de registros de la OMS, útiles para localizar estudios terminados no publicados y, a veces, resultados disponibles directamente en el registro.

También son importantes las tesis y disertaciones, que pueden contener información más extensa que la finalmente publicada en artículos; los resúmenes y actas de congresos, especialmente valiosos en áreas muy dinámicas, aunque con limitaciones por la brevedad de la información; los informes técnicos e institucionales, incluidas evaluaciones de tecnologías sanitarias y documentos regulatorios; y los repositorios de preprints, cada vez más relevantes en determinadas áreas. A esto se suman motores y directorios como Google Scholar, BASE, OpenDOAR, ROAR o recursos especializados de literatura gris, aunque con diferentes prestaciones, coberturas y limitaciones (6).

Tipos de fuentes de literatura gris útiles para revisiones sistemáticas. (Nota: OpenGrey fue discontinuado en 2020 y hoy permanece como archivo).
CategoríaRecomendaciones
Fuentes principales a considerar siempreGoogle Scholar: amplia cobertura de literatura académica y gris, pero requiere un cribado cuidadoso debido a su baja precisión;
ProQuest: especialmente útil para tesis y disertaciones;
ClinicalTrials.gov: esencial para identificar datos de ensayos clínicos no publicados;
OpenGrey: específicamente dedicado a literatura gris (aunque actualmente archivado, sigue siendo útil a través de repositorios).
Fuentes complementarias según el tema de la revisión– Los sitios web de organizaciones y la consulta a expertos son especialmente importantes en áreas con fuerte componente de políticas o práctica (p. ej., salud pública, educación, servicios sociales);
– La búsqueda manual de actas de congresos, sitios web institucionales y materiales no indexados sigue siendo crucial cuando se espera que estas fuentes aporten evidencia relevante.
Bases de datos bibliográficas especializadasScopus, PsycINFO y Web of Science pueden recuperar fuentes “semigrises” (por ejemplo, resúmenes de congresos y actas) y deben considerarse cuando sean pertinentes para la revisión.
Motores de búsqueda web generalesGoogle (búsqueda general) puede recuperar documentos únicos de carácter institucional o local, pero no debe utilizarse como única estrategia;
– Se recomienda el uso de búsquedas estructuradas y el registro de URL y fechas para garantizar la reproducibilidad.
Recomendaciones para la selección de bases de datos para literatura gris. Modificada y traducida de: Khalil H., Johns-Hayden A., Kynoch K. Guidance to including grey literature in systematic reviews-recommendations from an epidemiological study. Journal of Clinical Epidemiology. 2026:112222, doi: 10.1016/j.jclinepi.2026.112222.

La evidencia disponible muestra que herramientas como Google Scholar son útiles para recuperar literatura gris, pero no deben utilizarse como única fuente, ya que pueden omitir estudios relevantes y presentan limitaciones de precisión y transparencia (7).

Dificultades metodológicas de la búsqueda de literatura gris

Buscar literatura gris es posible y muchas veces necesario, pero rara vez es tan limpio, estandarizado o replicable como buscar en una base de datos bibliográfica tradicional.

No existe un único estándar de referencia y muchas de estas fuentes carecen de lenguaje controlado, interfaces potentes o posibilidades de exportación comparables a las de bases como MEDLINE o Embase. Esto obliga a trabajar más con términos en lenguaje natural, incrementa el ruido en la recuperación y dificulta tanto la reproducibilidad como la documentación. Además, muchos contenidos web cambian, desaparecen o se actualizan sin dejar rastro claro, lo que complica la trazabilidad. En algunos entornos, como Google Scholar, la falta de transparencia en el algoritmo de ordenación añade una dificultad extra (7).

Errores frecuentes

Uno de los errores más habituales es declarar de forma genérica que se buscó “en Google” o “en literatura gris” sin especificar qué fuentes concretas se consultaron, con qué estrategia, en qué fecha y con qué límites. Otro error frecuente es asumir que la literatura gris tiene menor calidad por definición. Su calidad metodológica debe valorarse con los mismos principios y, cuando proceda, con herramientas específicas que cualquier otro estudio o documento.

También es problemático no conservar evidencia documental de determinadas búsquedas o no registrar metadatos básicos como la URL, la fecha de consulta o la estrategia utilizada. En fuentes inestables, esto puede dificultar comprobaciones posteriores.

Cómo plantear una búsqueda de literatura gris

La búsqueda de literatura gris debe planificarse desde el protocolo, no añadirse al final como un gesto de exhaustividad formal. Conviene decidir desde el principio qué tipos de fuentes son pertinentes para la pregunta de investigación, cuáles son asumibles en términos de tiempo y recursos y cómo se va a documentar el proceso.

Esto implica seleccionar de forma justificada las fuentes, adaptar la estrategia a cada interfaz, registrar fechas, URLs, términos utilizados y límites aplicados, y seguir marcos de transparencia como PRISMA-S (8). También puede incluir el contacto con autores cuando se sospecha la existencia de estudios no publicados o información complementaria relevante.

En motores como Google Scholar, además, es importante asumir desde el principio que la búsqueda tiene limitaciones técnicas y que el procedimiento debe quedar claramente descrito.

Conviene identificar y mantener claramente separados los datos procedentes de literatura gris y los de estudios publicados en revistas por razones de transparencia metodológica. Esta distinción permite saber qué parte de la evidencia procede de circuitos editoriales convencionales y cuál se ha recuperado a través de registros, informes, tesis, resúmenes de congresos u otras fuentes no comerciales, facilitando la trazabilidad del proceso y la interpretación de los resultados. Además, separar ambas procedencias hace posible realizar análisis de sensibilidad y valorar hasta qué punto la inclusión de literatura gris modifica las estimaciones del efecto, los datos de seguridad o las conclusiones de la revisión.

Conclusión

La literatura gris no es un añadido accesorio ni una garantía automática de calidad. Es, sobre todo, una fuente potencialmente útil para mejorar la exhaustividad, reducir determinados sesgos y captar evidencia que no siempre circula por las vías editoriales habituales. Su búsqueda plantea dificultades y no siempre deberá hacerse con la misma exhaustividad en todas las revisiones. Pero prescindir de ella sin una justificación razonada puede dejar fuera una parte relevante de la evidencia y debilitar la solidez de la síntesis final.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Hopewell S, McDonald S, Clarke MJ, Egger M. Grey literature in meta-analyses of randomized trials of health care interventions. Cochrane Database Syst Rev. 2007;(2):MR000010.
  2. McAuley L, Pham B, Tugwell P, Moher D. Does the inclusion of grey literature influence estimates of intervention effectiveness reported in meta-analyses? Lancet. 2000;356(9237):1228-31. doi:10.1016/S0140-6736(00)02786-0.
  3. Man-Son-Hing M, Wells G, Lau A. Quinine for nocturnal leg cramps: a meta-analysis including unpublished data. J Gen Intern Med. 1998;13(9):600-6. doi: 10.1046/j.1525-1497.1998.00182.x.
  4. Ziai H., Zhang R., Chan A-W., Persaud N. Search for unpublished data by systematic reviewers: an audit. BMJ Open. 2017;7(10):e017737, doi: 10.1136/bmjopen-2017-017737.
  5. Golder S, Loke YK, Wright K, Norman G. Reporting of adverse events in published and unpublished studies of health care interventions: a systematic review. PLoS Med. 2016;13(9):e1002127. doi:10.1371/journal.pmed.1002127.
  6. Khalil H, Johns-Hayden A, Kynoch K. Guidance to including grey literature in systematic reviews: recommendations from an epidemiological study. J Clin Epidemiol. 2026:112222, doi: 10.1016/j.jclinepi.2026.112222.
  7. Haddaway NR, Collins AM, Coughlin D, Kirk S. The Role of Google Scholar in Evidence Reviews and Its Applicability to Grey Literature Searching. PLoS One. 2015;10(9):e0138237. doi: 10.1371/journal.pone.0138237.
  8. Rethlefsen ML, Kirtley S, Waffenschmidt S, Ayala AP, Moher D, Page MJ, et al. PRISMA-S: an extension to the PRISMA Statement for Reporting Literature Searches in Systematic Reviews. J Med Libr Assoc. 2021;109(2):174-200.

Qué significa que la búsqueda para una revisión sistemática debe de ser exhaustiva

Los estándares metodológicos coinciden en una idea central: la búsqueda debe ser sistemática, planificada y lo más amplia posible para reducir sesgos (especialmente sesgo de publicación y de reporte) y capturar la mayor parte de la evidencia relevante (1). A diferencia de una revisión tradicional donde un autor puede elegir artículos de su preferencia («handpicking»), una búsqueda exhaustiva busca identificar toda la evidencia disponible que responda a una pregunta de investigación específica para evitar el sesgo de selección. En una anterior entrada ya hemos analizado cómo podemos saber si nuestra búsqueda es exhaustiva. Ahora veamos lo que realmente significa “exhaustividad” (comprehensiveness).

Exhaustividad no equivale a “hacer una búsqueda larga” ni a “meter muchas palabras”. Es diseñar un proceso que aspire a identificar el conjunto más completo y no sesgado posible de estudios pertinentes para una pregunta predefinida. En el Manual Cochrane (1) lo expresa de forma directa: la búsqueda debe ser tan extensa como sea posible para reducir el riesgo de sesgo de reporte/publicación e identificar la mayor cantidad de evidencia relevante.

¿Significa esto que hay que usar absolutamente todos los métodos imaginables?, no, es decidir (y justificar) cómo lograr un conjunto de evidencia completo y no sesgado con los recursos disponibles.

3 pilares de la exhaustividad: cobertura, sensibilidad y trazabilidad

Si una búsqueda no es exhaustiva y documentada en detalle, la evidencia resultante no se considera válida ni fiable para la toma de decisiones clínicas. Es, de hecho, el factor principal que distingue a una revisión sistemática de cualquier otro tipo de revisión bibliográfica.

Analicemos los tres pilares de la exhaustividad:

1. Cobertura: no hay exhaustividad con una sola fuente

Una revisión que busca “toda la evidencia” pero consulta una única base (p. ej., solo PubMed) es vulnerable por definición: indexación incompleta, diferencias en tesauros, retrasos de indización, sesgos geográficos/idiomáticos, etc. La evidencia empírica lo respalda: en un estudio sobre revisiones Cochrane, buscar en ≥2 bases de datos aumentó cobertura/recall y redujo el riesgo de perder estudios elegibles; y cuando se sospecha que los artículos son difíciles de localizar, deben añadirse métodos suplementarios (2).

Y, desde la perspectiva de combinaciones “óptimas”, Bramer et al. observaron que varias referencias incluidas solo aparecen en una base de datos y propusieron como combinación mínima eficiente (dependiente del tema) incluir, al menos, Embase, MEDLINE, Web of Science y Google Scholar para maximizar recall (3).

Bien es verdad que no existe un número universal de bases de datos. Lo que exigen los estándares es justificar por qué esas fuentes son las adecuadas para tu pregunta y tu campo. Cochrane (1), por ejemplo, establece como mínimo para sus revisiones la consulta de CENTRAL, MEDLINE y Embase, además de fuentes especializadas según el tema.

2. Sensibilidad: maximizar recall sin perder el control

La búsqueda exhaustiva prioriza sensibilidad (recall) frente a precisión (precision), aceptando que habrá ruido. El Manual Cochrane (1) lo formula explícitamente: hay que maximizar sensibilidad procurando una precisión razonable; aumentar sensibilidad suele bajar precisión y recuperar más irrelevantes. En este punto hay que afirmar que ruido no significa mala búsqueda; puede significar que se ha protegido la revisión contra la omisión de estudios relevantes.

3. Trazabilidad: exhaustividad sin documentación no existe

Una búsqueda “muy buena” pero no reproducible es metodológicamente débil. PRISMA 2020 (4) exige describir todas las fuentes consultadas (bases, registros, webs, listas de referencias, etc.) y la fecha de última consulta. Además, pide presentar las estrategias completas (línea a línea) para todas las bases/registros/webs, con límites y filtros, para permitir evaluación de la exhaustividad, replicación y actualización.

PRISMA-S (2021) va un paso más allá con una lista específica (16 ítems) para reportar búsquedas de forma completa y reproducible (5).

¿Cuáles son los componentes de una búsqueda exhaustiva?

A. Múltiples bases y fuentes

Una búsqueda exhaustiva combina:

  • Bases bibliográficas generales y especializadas (según tema). Se recomienda realizar búsquedas en un rango de 3 a 5 bases de datos bibliográficas académicas relevantes para el área de estudio (por ejemplo, MEDLINE, EMBASE, CINAHL o Scopus).
  • Registros de ensayos y repositorios de resultados cuando aplica (p. ej., ClinicalTrials.gov, ICTRP).
  • Literatura gris. Incluye investigaciones que no han sido publicadas en revistas comerciales tradicionales (como tesis, informes técnicos o actas de conferencias). Omitir la literatura gris puede introducir un sesgo significativo, ya que a menudo los estudios con resultados negativos o neutrales no llegan a publicarse en revistas de alto impacto (sesgo de reporte).
  • Búsqueda web (agencias reguladoras, organizaciones, etc.).

B. Vocabulario controlado + texto libre (y traducción entre plataformas)

Hay que usar tanto texto libre como encabezamientos (MeSH, Emtree, etc.) y personalizar y adaptar las estrategias por cada base.
Además, recuerda que MeSH≠Emtree, la indización difiere y para ser lo más exhaustivo posible hay que incorporar un rango amplio de sinónimos, variantes ortográficas, truncamientos y operadores de proximidad.

Siempre recordando que “traducir la estrategia no es copiar/pegar; es conservar el concepto y adaptar la sintaxis y el comportamiento del buscador (campos, explosión, proximidad, stopwords, mapeo automático).

C. Técnicas adicionales

La propia lógica metodológica es simple: ninguna base indexa “todo” y la evidencia muestra que métodos suplementarios pueden añadir estudios que el searching en bases no recupera. Para cerrar el círculo de la exhaustividad, se deben emplear métodos como la «búsqueda manual» (handsearching) y el «encadenamiento de citas» (citation chaining), que consiste en revisar las referencias de los artículos encontrados para localizar estudios adicionales que las bases de datos pudieron omitir.

D. Control de calidad: revisión por pares de la estrategia (PRESS)

El estándar PRESS (6) formaliza la revisión por pares de estrategias electrónicas y define elementos típicos donde aparecen errores (operadores booleanos/proximidad, encabezamientos, texto libre, límites/filtros, sintaxis, etc.). PRISMA 2020 incluso sugiere reportar si hubo peer review y qué herramienta se utilizó (p. ej., PRESS).

Errores frecuentes que “rompen” la exhaustividad

  • Una sola base (o varias, pero sin complementariedad).
  • No combinar tesauro + texto libre, o no adaptar la estrategia a cada base.
  • Límites no justificados (idioma/fecha/tipo de documento) aplicados en la búsqueda, no como criterio de selección. PRISMA pide que los límites se reporten y se justifiquen en relación con criterios de elegibilidad.
  • Omitir literatura gris/registros cuando el riesgo de sesgo de publicación es material.
  • No informar de las estrategias completas (solo “buscamos en PubMed y Embase”): impide evaluar calidad, reproducir y actualizar.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Lefebvre C, Glanville J, Briscoe S, Featherstone R, Littlewood A, Metzendorf M-I, Noel-Storr A, Paynter R, Rader T, Thomas J, Wieland LS. Chapter 4: Searching for and selecting studies [last updated March 2025]. En: Higgins JP, Thomas J, Chandler J, Cumpston M, Li T, Page MJ, et al, editor(s). Cochrane Handbook for Systematic Reviews of Interventions version 6.5.1 Cochrane, 2025.Disponible en: cochrane.org/handbook.
  2. Ewald H., Klerings I., Wagner G., Heise TL., Stratil JM., Lhachimi SK., et al. Searching two or more databases decreased the risk of missing relevant studies: a metaresearch study. Journal of Clinical Epidemiology. 2022;149:154-64, doi: 10.1016/j.jclinepi.2022.05.022.
  3. Bramer WM, Rethlefsen ML, Kleijnen J, Franco OH. Optimal database combinations for literature searches in systematic reviews: a prospective exploratory study. Syst Rev. 2017 Dec 6;6(1):245. doi: 10.1186/s13643-017-0644-y.
  4. Page MJ, Moher D, Bossuyt PM, Boutron I, Hoffmann TC, Mulrow CD, Shamseer L, Tetzlaff JM, Akl EA, Brennan SE, Chou R, Glanville J, Grimshaw JM, Hróbjartsson A, Lalu MM, Li T, Loder EW, Mayo-Wilson E, McDonald S, McGuinness LA, Stewart LA, Thomas J, Tricco AC, Welch VA, Whiting P, McKenzie JE. PRISMA 2020 explanation and elaboration: updated guidance and exemplars for reporting systematic reviews. BMJ. 2021 Mar 29;372:n160. doi: 10.1136/bmj.n160.
  5. Rethlefsen ML, Kirtley S, Waffenschmidt S, Ayala AP, Moher D, Page MJ, Koffel JB; PRISMA-S Group. PRISMA-S: an extension to the PRISMA Statement for Reporting Literature Searches in Systematic Reviews. Syst Rev. 2021 Jan 26;10(1):39. doi: 10.1186/s13643-020-01542-z.
  6. McGowan J, Sampson M, Salzwedel DM, Cogo E, Foerster V, Lefebvre C. PRESS Peer Review of Electronic Search Strategies: 2015 Guideline Statement. J Clin Epidemiol. 2016 Jul;75:40-6. doi: 10.1016/j.jclinepi.2016.01.021.

Polyglot (TERA Tools) para trasladar estrategias de búsqueda: ahorro de tiempo pero necesita supervisión

En revisiones sistemáticas, trasladar la estrategia al resto de bases de datos es uno de los pasos más exigentes porque exige conocimiento experto de bases, plataformas y sintaxis. No es un trámite: forma parte del método y condiciona la sensibilidad y la reproducibilidad del proceso.

Dado que la búsqueda para revisiones sistemáticas debe ser sensible y no existe una única fuente que recoja de forma exhaustiva todo lo publicado, es necesario buscar en un número suficiente de bases de datos, seleccionadas según el objetivo (sensibilidad vs precisión), la cobertura temática y el tipo de evidencia. Cada base se interroga de manera distinta y devuelve conjuntos de documentos parcialmente diferentes. Además, aunque las plataformas permiten combinar texto libre, búsqueda por campos, tesauro y límites, cada una implementa estas funcionalidades con su propia “gramática” de búsqueda.

El problema real: al traducir entre bases también traducimos reglas

Cuando pasamos una estrategia de PubMed/MEDLINE a Embase (y a otras bases), los fallos suelen agruparse en tres categorías:

  1. No adaptación de la estrategia. Copiar/pegar “tal cual” sin ajustar a la plataforma puede cambiar la recuperación (a veces sin que sea evidente): campos incorrectos, paréntesis interpretados de otra forma, comillas, límites no equivalentes o funciones que existen en una base y no en otra.
  2. Diferencias en el lenguaje de búsqueda. Etiquetas de campo, comodines, gestión de frases y (muy especialmente) operadores de proximidad.
  3. Errores en encabezamientos de materia. Cada base tiene su propio tesauro (MeSH, Emtree, CINAHL Headings, Thesaurus APA…), y no hay equivalencias 1:1 garantizadas.

Dónde encaja Polyglot y qué aporta de verdad

Polyglot Search Translator (TERA Tools) está diseñado para traducir cadenas de búsqueda entre bases y plataformas, ahorrando trabajo repetitivo y reduciendo errores de tecleo, sin sustituir el criterio experto. Un ensayo aleatorizado observó que traducir con Polyglot fue, en promedio, más rápido (31 vs 45 minutos) y con menos errores (8,6 vs 14,6) que la traducción manual, aunque sigue siendo imprescindible revisión humana (Clark JM, 2020)

Su valor es claro: un traductor de sintaxis que agiliza el traslado entre plataformas, pero que funciona de verdad cuando se usa como lo que es: una semi-automatización con supervisión experta. Polyglot traduce cadenas desde PubMed u Ovid MEDLINE a múltiples plataformas para que tú te concentres en lo que no se puede automatizar como el tesauro o la proximidad.

Cómo usar Polyglot

Aquí te dejo las instrucciones de cómo sería el flujo de trabajo si queremos trasladar una estrategia que hemos hecho en PubMed a Embase:

1) Desarrolla y depura tu estrategia “base”.

Crea la estrategia en bloques conceptuales claros, con paréntesis cerrados y consistencia en campos y truncamientos.

2) Pegar la búsqueda en Polyglot (https://tera-tools.com/polyglot)

En TERA, Polyglot ofrece un cuadro “Your query” donde pegar la cadena. Es recomendable marcar la casilla “Replace line references” (para que resuelva referencias del tipo #1, #2, etc.) y añadir una línea en blanco en la cadena para mejorar el procesamiento en algunos casos.

3) Elegir la salida correcta para Embase (Embase.com vs Ovid Embase)

Polyglot suele ofrecer traducciones diferenciadas para bases de datos y plataformas, en nuestro casa disponemos de las opciones de Embase.com (Elsevier) y Ovid Embase. Piensa que no son equivalentes: cambian campos, operadores y convenciones.

4) Verificación del vocabulario controlado (Emtree)

Este es el paso crítico:

  • Identifica los términos que en PubMed estaban como MeSH (p. ej., [Mesh] / explosiones) y valida su equivalente en Emtree.
  • Sustituye manualmente cuando no haya correspondencia directa o el término preferido difiera.

Polyglot te ahorra reescritura de sintaxis, pero no puede asumir equivalencias terminológicas sin supervisión.

5) Operadores de proximidad.

Aunque PubMed incorporó proximidad en 2022, con la sintaxis «términos»[Title:~N] o «términos»[Title/Abstract:~N], limitada a determinados campos, no puede considerarse una proximidad equivalente a la proximidad de otras plataformas (NEAR/NEXT o ADJ). Más bien es una ayuda para la búsqueda por frases.

Por eso, cuando trasladas desde PubMed, la traducción “literal” tal cual es proporcionada por Polyglot no aprovecha el potencial de la búsqueda por adyacencia de otras plataformas. Cuando migras desde PubMed a Embase, debes decidir (concepto a concepto) si las transformas en proximidad (más sensibilidad, riesgo de introducir ruido si el “n” es amplio) o mantienes la búsqueda por frases exactas (más precisión, riesgo de perder variantes).

No hay respuesta universal: depende del concepto, del objetivo de la búsqueda y del equilibrio sensibilidad/precisión. La única forma de hacerlo es probar, comparar y documentar el ajuste.

6) Ejecutar y comprobar

Antes de dar la traducción por válida revisa truncamientos, comillas y campos; ejecuta y comprueba si recuperas artículos semilla y si los recuentos son plausibles. Si un artículo relevante aparece en una base y no en otra, la pregunta útil no es “¿por qué no está?”, sino qué parte de la traducción no lo capturó: campos, fraseo, proximidad, tesauro o límites.

BIBLIOGRAFÍA

Clark JM, Sanders S, Carter M, Honeyman D, Cleo G, Auld Y, Booth D, Condron P, Dalais C, Bateup S, Linthwaite B, May N, Munn J, Ramsay L, Rickett K, Rutter C, Smith A, Sondergeld P, Wallin M, Jones M, Beller E. Improving the translation of search strategies using the Polyglot Search Translator: a randomized controlled trial. J Med Libr Assoc. 2020 Apr;108(2):195-207. doi: 10.5195/jmla.2020.834.

¿Tu búsqueda bibliográfica es realmente exhaustiva?

Imagina esto: después de meses de analizar y organizar datos, ya tienes lista tu revisión sistemática para enviarla. Pero, justo días antes de enviarla, te topas por casualidad con tres artículos clave que tu estrategia de búsqueda ni siquiera consideró y que cambian todo lo que pensabas. Es el miedo más grande de cualquier bibliotecario: no saber si realmente has encontrado todo lo que hay.

Y es que cuando trabajamos en síntesis de evidencia, la «intuición» del experto o la simple acumulación de años de experiencia no son salvaguardas suficientes. Y por eso es tan necesario la validación de la sensibilidad de la búsqueda de evidencia que transforma una recopilación bibliográfica convencional en un proceso científico reproducible y defendible ante cualquier auditoría metodológica.

Este interesante artículo de Lagisz et al, recientemente publicado, nos da unas pautas de actuación para evaluar la sensibilidad de las estrategias de búsqueda. Analicemos este artículo y su propuesta.

«Recall absoluto» y «recall relativo»

En revisiones sistemáticas se prioriza típicamente «alto «recall» (minimizar pérdida de estudios relevantes), aceptando un descenso de precisión que luego se gestiona con cribado. En el ámbito de la recuperación de información, es teóricamente imposible garantizar un «recall absoluto». Esto se debe a que el universo total de la literatura existente es, por definición, desconocido; no podemos medir lo que no sabemos que existe. Para resolver esta incertidumbre, debemos adoptar el concepto pragmático de «recall relativo« (o sensibilidad).

Cálculo del recall absoluto. Recall (en español, exhaustividad o sensibilidad) es la proporción de documentos relevantes que un sistema consigue recuperar del total de documentos relevantes que existen en la colección para una necesidad de información dada.

Bajo este enfoque, evaluamos nuestra estrategia frente a una muestra representativa y conocida de estudios. Esto nos permite sustituir la subjetividad por una métrica objetiva de rendimiento, optimizando el balance entre la exhaustividad y la manejabilidad de los resultados.

El corazón del proceso es el set de referencia o artículos «semilla«. Un error metodológico crítico es el sesgo circular: diseñar la estrategia de búsqueda y luego seleccionar para el set de validación artículos que esa misma cadena ya encontró. Esto no es más que un sesgo de Confirmación que «engaña» al cálculo con artículos homogéneos, invalidando la prueba de estrés de la estrategia.

Para que este set actúe como un verdadero «estándar de oro», debe ser externo y recolectado mediante mejores prácticas:

• Recolección Temprana: El set debe reunirse estrictamente antes de diseñar la estrategia de búsqueda definitiva.

• Fuentes Diversas: Debe incluir revisiones sistemáticas previas, rastreo de citas (backward/forward tracking), etc.

• Revisión por Expertos: Consulta con especialistas en el área temática para garantizar la representatividad de autores y años.

• Heterogeneidad: Debe reflejar la variedad de terminología y términos controlados del tema para evitar la homogeneidad simplista.

6 Etapas del flujo de trabajo del bibliotecario

Para validar nuestra búsqueda, Lagisz et al., nos sugieren seguir este flujo de trabajo secuencial:

  1. Recolección del set de evaluación comparativa («benchmarking»):  Define el alcance y reúne los estudios que sean útiles que encuentres, ya sea hablando con expertos o buscando en otras fuentes.
  2. Búsqueda de identificadores: Localiza los DOI de cada estudio y combínalos con el operador OR para crear una «cadena de benchmarking» compacta. Si un estudio no aparece por DOI, debe buscarse por título o autor para verificar si la ausencia es real.
  3. Personalización del set: Verifica cuáles estudios están indexados en la base de datos actual. Debemos eliminar los estudios no indexados del cálculo para no penalizar injustamente el puntaje de sensibilidad (unfairly lowering the sensitivity score).
  4. Ejecución de la búsqueda objetivo: Aplica tú estrategia de búsqueda completa (MeSH, Emtree, palabras clave y lógica booleana) y registra el número total de resultados (hits).
  5. Prueba de solapamiento: Cruza ambas cadenas mediante el operador AND en un bloque lógico simple: [Cadena de Búsqueda Objetivo] AND [Cadena del set de evaluación comparativa].
  6. Cálculo de sensibilidad: Aplica la fórmula para obtener el «recall relativo» y determina si el resultado inicia un ciclo de mejora.

Cálculo e Interpretación

En una revisión sistemática, buscamos una sensibilidad alta, pero esto suele aumentar el «ruido» (resultados irrelevantes). No existe un umbral universal del 100% por lo que el equipo de revisión debe decidir cuándo la búsqueda es «suficientemente buena».

Fórmula de sensibilidad (recall): 

Sensibilidad = (Estudios del set encontrados) / (Total de estudios del set indexados en la base de datos)

Ejemplo práctico: Si su set de referencia consta de 5 artículos indexados en Scopus y su cadena objetivo captura 4 de ellos:

Cálculo: 4 / 5 = 0.8

Resultado: 80% de sensibilidad.

Interpretación: El 20% de la literatura clave es «invisible« para su búsqueda actual, lo que exige una justificación técnica de si ese nivel de riesgo es aceptable o requiere refinamiento.

¿Qué pasa si la sensibilidad es baja?

Si este es nuestro caso, debemos realizar un análisis diagnóstico de los estudios «no capturados» siguiendo esta lista de tareas para el Refinamiento:

  •   Aislar omisiones:  Ejecutar Cadena de Benchmarking NOT Cadena de Búsqueda Objetivo para visualizar exclusivamente los artículos que su estrategia ignoró.
  •   Análisis de registros:  Examinar los campos de título, resumen y términos controlados (encabezamientos de materia) de los estudios perdidos.
  •   Ajuste de lógica:  Incorporar sinónimos detectados o flexibilice los operadores de proximidad y truncamiento.
  •   Justificación Técnica:  Documentar la justificación razonada detrás de cada término añadido para mantener la trazabilidad.
  •   Revalidación:  Repetir el cálculo de sensibilidad hasta alcanzar el equilibrio deseado por el equipo de revisión. Este refinamiento garantiza que la búsqueda final sea un reflejo fiel del estado del arte, cumpliendo con los estándares de transparencia internacional.

Bibliografía

Lagisz M, Yang Y, Young S, Nakagawa S. A practical guide to evaluating sensitivity of literature search strings for systematic reviews using relative recall. Res Synth Methods. 2025 Jan;16(1):1-14. doi: 10.1017/rsm.2024.6.

¿Es la IA un sustituto, una amenaza o un aliado para los bibliotecarios especializados?

Hasta ahora, diseñar una estrategia de búsqueda sólida, localizar estudios relevantes y manejar cientos de referencias era un trabajo artesanal, intensivo en tiempo y dependiente por completo de la experiencia humana. Sin embargo, la integración de modelos de lenguaje generativo en los procesos de revisión sistemática está modificando de manera sustancial la fase de búsqueda y recuperación de información.

La clave está en entender qué puede hacer cada uno y cómo combinar sus fortalezas para obtener búsquedas más robustas, eficientes y reproducibles en un contexto donde la calidad de la evidencia importa más que nunca.

Tareas en las que puede intervenir la IA

La aportación de la IA no reside únicamente en la aceleración de tareas, sino en la capacidad de ampliar, diversificar y estructurar el acceso a la literatura científica, amplificando los procedimientos manuales.

  • Generación rápida y exhaustiva de términos de búsqueda. Los modelos de IA generativa son capaces de recopilar términos de miles de textos y, a partir de ahí, sugieren sinónimos, acrónimos y variantes de un mismo concepto. En otras palabras, ayudan a descubrir términos relevantes que, de otro modo, podrían pasarse por alto. Esta capacidad resulta especialmente útil en áreas emergentes o interdisciplinarias, donde la terminología aún no está normalizada y la literatura se dispersa en múltiples dominios temáticos.
  • Aumento de la sensibilidad/exhaustividad (recall) de la búsqueda. Estas herramientas son capaces de producir una primera estrategia de búsqueda con elevada sensibilidad, es decir, muy amplia, recuperando muchísimos resultados. Es verdad que luego hay que limpiarlos y depurarlos, pero esa “primera cosecha” sirve como una base sólida sobre la que seguir afinando la estrategia, añadir filtros y ajustar los términos. En este sentido, la IA funciona como un acelerador: te ayuda a arrancar rápido con un punto de partida fuerte, aunque siempre hace falta la mirada experta del bibliotecario para asegurar que todo tenga sentido y calidad.
  • Generación de búsquedas booleanas para distintas bases de datos/plataformas. Uno de los avances más visibles es la capacidad de la IA para traducir una estrategia conceptual en consultas operativas adaptadas a la sintaxis de cada proveedor: Ovid MEDLINE, Embase.com, Scopus, Web of Science, CINAHL (EBSCO, Ovid, …), PsycINFO (Proquest, EBSCO, …), entre otros. Esto incluye la aplicación correcta de campos de búsqueda, operadores de proximidad, truncamientos, tesauros controlados y peculiaridades funcionales de cada motor. Esta precisión reduce errores, evita pérdidas de sensibilidad y mejora la reproducibilidad del proceso.

Ventajas/Oportunidades del uso de la IA

  • Fase de búsqueda inicial más exhaustiva: La IA puede generar en pocos segundos un abanico enorme de términos, sinónimos y palabras clave relacionadas con un tema. Esto resulta especialmente útil cuando nos enfrentamos a un campo nuevo o del que sabemos poco: la herramienta propone conceptos que quizá no habríamos considerado y evita que la estrategia de búsqueda se quede corta.
  • Más referencias desde el principio: Las herramientas de IA suelen recuperar mucho más. Su forma de interpretar las palabras clave es más amplia que la nuestra, lo que se traduce en un volumen mayor de resultados. Luego tocará depurarlos, sí, pero arrancar con una red más grande ayuda a no dejar estudios relevantes fuera.
  • Menos tiempo perdido al adaptar estrategias entre bases de datos: Pasar una estrategia de búsqueda de MEDLINE (PubMed u OVID) a Embase.com, Scopus o WoS es un trabajo pesado, repetitivo y lleno de pequeños detalles que es fácil olvidar. La IA puede hacerlo automáticamente, respetando sintaxis, operadores booleanos y campos correctos en cada plataforma. En la práctica, esto supone menos errores y muchas horas ahorradas.
  • Orden y lógica en los términos: Además de reunir términos útiles, la IA es capaz de agruparlos por categorías o temas. No solo te dice qué palabras usar, sino que te ayuda a entender cómo se relacionan entre sí, lo que facilita estructurar la búsqueda con sentido.

Inconvenientes y retos del uso de IA en las revisiones sistemáticas

  • Mucho volumen, poca precisión: Que la IA recupere cientos o miles de referencias puede parecer una ventaja, pero tiene trampa: no distingue bien lo relevante de lo accesorio. Esto obliga a dedicar tiempo extra a revisar y descartar estudios que no encajan con la pregunta de investigación. En cambio, una estrategia elaborada por un bibliotecario suele ser más ajustada desde el principio, porque está pensada para responder a criterios concretos y no para abarcar “todo lo que pueda sonar parecido”.
  • La experiencia humana sigue siendo irremplazable: La IA propone muchos términos, sí, pero no sabe cuándo un matiz importa. Afinar la estrategia de búsqueda, elegir el descriptor correcto o decidir si un término aporta ruido o información útil sigue siendo territorio humano. Las listas generadas por la IA necesitan ser revisadas, depuradas y enriquecidas por alguien que entienda el contexto, las particularidades del tema y las implicaciones metodológicas.
  • Limitaciones de acceso a bases de datos suscritas: Hoy por hoy, la mayoría de modelos de IA no pueden entrar en bases de datos científicas de pago. Esto significa que no pueden comprobar en tiempo real qué términos están indexados, qué descriptores existen o cómo se estructura un determinado tesauro especializado.
  • No puede moverse por tesauros especializados: Al no tener acceso a bases como EMBASE, CINAHL o PsycINFO, la IA no es capaz de navegar por sus tesauros y proponer descriptores correctos. Este es un punto crítico porque las estrategias de búsqueda más sólidas combinan términos libres con términos controlados, y esa fineza todavía no está al alcance de las herramientas generativas.
  • No descarga ni extrae referencias: Otra limitación importante es que la IA no puede descargar los resultados de la búsqueda ni gestionarlos en un gestor bibliográfico. Sigue siendo necesario pasar por las plataformas originales para obtener los registros y preparar la deduplicación o el cribado.
  • Siempre necesita supervisión: El uso de IA no elimina la figura del bibliotecario experto ni del equipo de revisión. Más bien cambia su papel: deja de ser quien hace cada paso manualmente para convertirse en quien valida, corrige y toma decisiones informadas. Sin esa supervisión, la IA puede generar estrategias amplias, pero no necesariamente adecuadas.

Un modelo sinérgico: IA + bibliotecario

El futuro inmediato no pasa por elegir entre inteligencia artificial o bibliotecario especializado, sino por combinarlos teniendo en cuenta las fortalezas y limitaciones de cada uno de ellos. Cada uno aporta algo diferente y, cuando trabajan juntos, el proceso de búsqueda y revisión gana en velocidad, alcance y rigor.

¿Cuál sería el rol de la IA?
La IA es especialmente útil en las primeras fases del trabajo. Su fortaleza está en generar cantidad: propone términos, sugiere combinaciones, construye borradores de estrategias de búsqueda y automatiza tareas tediosas como adaptar consultas entre plataformas o expandir sinónimos. Es rápida y eficiente para mover grandes volúmenes de información.

¿Qué aporta el bibliotecario?
El bibliotecario, por su parte, aporta calidad. No solo afina la terminología y valida los conceptos relevantes, sino que es quien domina el uso de tesauros, entiende la lógica de indexación de cada base de datos y detecta inconsistencias que la IA no ve. Además, garantiza el rigor metodológico: sabe cuándo un término es demasiado amplio, cuándo un operador puede distorsionar la pregunta de investigación y cómo documentar correctamente una estrategia reproducible.

En resumen (recuerda las pautas RAISE) …

  • La IA debe usarse como compañera de los humanos, no como sustituta.
  • Tú eres, en última instancia, responsable de su síntesis de la evidencia, incluida la decisión de usar IA y de garantizar la adhesión a las normas legales y éticas.
  • Usa la IA siempre que no comprometas el rigor metodológico ni la integridad de la síntesis.
  • Debes de informar de forma completa y trasparente del uso de cualquier IA que emita o sugiera juicios.

¿Herramientas de IA en búsquedas para revisiones sistemáticas?

La inteligencia artificial está irrumpiendo con fuerza en la síntesis de evidencia. Un estudio reciente de la Agencia Canadiense de Medicamentos (CDA-AMC) ofrece datos interesantes que conviene conocer (Featherstone R, Walter M, MacDougall D, Morenz E, Bailey S, Butcher R, et al. Artificial Intelligence Search Tools for Evidence Synthesis: Comparative Analysis and Implementation Recommendations. Cochrane Evidence Synthesis and Methods. 2025;3(5):e70045, doi: 10.1002/cesm.70045.).

Este artículo tuvo como objetivo evaluar el potencial de herramientas de búsqueda basadas en inteligencia artificial (Lens.org, SpiderCite y Microsoft Copilot) para apoyar la síntesis de evidencia vs. métodos de búsqueda tradicionales y establecer recomendaciones de implementación bajo un enfoque “fit for purpose”, es decir, utilizar cada herramienta solo para tareas específicas donde aporten valor. Se evaluaron siete proyectos completados en la agencia, aplicando búsquedas de referencia (método tradicional) frente a búsquedas con cada herramienta de IA. Se midieron sensibilidad/recall, número necesario a leer (NNR), tiempo de búsqueda y cribado, y contribuciones únicas de cada herramienta. Además, se recogió experiencias de los especialistas en información sobre usabilidad, limitaciones y sorpresas en el uso de los tres sistemas.

Resultados

Método / HerramientaSensibilidad promedioDiferencias entre proyectos simples y complejosNNR (número necesario a leer)Tiempo de búsquedaObservaciones principales
Métodos tradicionales0.98 – 1 (casi perfecta)Consistentemente alta en todos los proyectosMás bajo que IA2.88 h en promedioEstándar de referencia, máxima fiabilidad
Lens.org0.676Simples: 0.816 Complejos: 0.6Más alto que el estándar (98 vs 83)Mayor tiempo (2.25 h, más que Copilot o SpiderCite)Mejor de las IA, pero menos eficiente; útil en búsquedas simples y de autores
SpiderCite0.23 – 0.26Similar en simples y complejosVariable (Cited by mejor que Citing)~1.25 hMuy baja sensibilidad, pero puede aportar referencias únicas en temas complejos; solo útil como complemento
Copilot0.24 (muy variable: 0–0.91 según proyecto)Simples: 0.41 Complejos: 0.15Muy variable (mejor en simples, muy alto en complejos)Más rápido (0.96 h promedio)Dependiente de la calidad de los prompts; no sustituye estrategias, útil para sugerir palabras clave

Sensibilidad = proporción de estudios relevantes efectivamente recuperados.
NNR = número necesario a leer; cuanto menor, mejor eficiencia de cribado.

Verde = mejor desempeño relativo. Amarillo = intermedio / aceptable. Rojo = débil. Naranja = muy variable según proyecto.

Discusión

  • Las herramientas de IA mostraron rendimiento variable e inconsistente, lo que implica que no pueden reemplazar las búsquedas profesionales estándar en revisiones sistemáticas.
  • Pueden generar falsa confianza en usuarios sin experiencia. Se requiere conocimiento experto en construcción de estrategias y en validación de resultados para corregir limitaciones.
  • Limitaciones del estudio: solo se evaluaron 7 proyectos y 3 herramientas, sin analizar combinaciones entre ellas

Recomendaciones de implementación

La CDA-AMC propuso un uso limitado y estratégico:

  1. Lens.org: útil para revisiones con preguntas acotadas y técnicas (como dispositivos con una función o población bien definida) o para identificar rápidamente autores vinculados a un tema o indicación clínica cuando los métodos estándar no alcanzan.
  2. SpiderCite: complemento para búsquedas de citas en proyectos complejos, siempre que se disponga de artículos semilla.
  3. Copilot (u otros LLMs): apoyo en la generación de palabras clave y términos de búsqueda, pero no para estrategias completas

Conclusión

Las tres herramientas evaluadas (Lens.org, SpiderCite, Copilot) no son adecuadas para reemplazar estrategias de búsqueda complejas en revisiones sistemáticas, debido a variabilidad en sensibilidad y precisión. Sin embargo, tienen potencial como apoyos puntuales en tareas específicas: generación de términos, búsquedas simples o de citas, y exploración preliminar. El estudio subraya la necesidad de mantener el papel central del bibliotecario/experto en información en la validación de cualquier resultado generado con IA, y de continuar monitorizando nuevas herramientas dada la rápida evolución tecnológica.

Reflexiones para quienes trabajamos en bibliotecas médicas

  • Las herramientas de IA pueden ahorrar tiempo en fases preliminares, generar ideas de términos de búsqueda, identificar autores, pero no deben utilizarse como única estrategia para revisiones sistemáticas si se espera exhaustividad.
  • Es clave entender los límites: sensibilidad menor, posible sesgo en lo que captura IA, variabilidad según prompt o según lo cerrado o amplio que sea el tema.
  • Siempre debe haber validación humana experta, verificación de resultados únicos que aparezcan en IA, comparación con lo recuperado por métodos tradicionales.

Evitar sesgos en la búsqueda bibliográfica: claves para revisiones rigurosas

La base de toda revisión sistemática y otros estudios de síntesis sólidos es una búsqueda de evidencia cuidadosamente diseñada y rigurosamente ejecutada (1). En la búsqueda bibliográfica cómo se busca, dónde se busca y quién diseña la estrategia son factores que pueden marcar una diferencia crítica en la calidad de la evidencia recopilada.

En dos entradas anteriores de este blog de título «Sesgo de publicación y sesgos relacionados» (2) y «Sesgos en la localización de estudios para una revisión sistemática» (3) ya tratamos el tema de los sesgos. Ahora veremos los principales tipos de sesgos del proceso de búsqueda y cómo minimizarlos.

¿Qué sesgos pueden aparecer?

En el proceso de búsqueda pueden surgir dos tipos principales de sesgos:

Sesgo de identificación: aparece cuando no se localizan estudios relevantes, a menudo porque la estrategia de búsqueda no es suficientemente sensible o porque no se han explorado todas las fuentes pertinentes. Este tipo de sesgo es especialmente problemático en revisiones sistemáticas que sirven de base para tomar decisiones clínicas, ya que puede comprometer la validez de los resultados.

Sesgo de diseminación (o de publicación): se produce cuando los resultados de un estudio influyen en su probabilidad de ser publicados. Por ejemplo, los estudios con resultados positivos tienen más probabilidades de publicarse, de hacerlo en inglés, con mayor rapidez o de recibir más citas. Este fenómeno puede distorsionar la percepción de la eficacia de una intervención.

¿Cómo reducir estos sesgos?

  1. Diseñar una estrategia de búsqueda rigurosa, con la colaboración de un especialista en información. Idealmente, esta estrategia debe ser revisada por pares antes de ser ejecutada (1,4-6). La participación de bibliotecarios especializados en ciencias de la salud en revisiones sistemáticas no es un añadido opcional, sino una práctica recomendada por las principales guías metodológicas (7-9) y respaldada por la evidencia científica (10-11).
  2. Utilizar múltiples bases de datos bibliográficas. Se recomienda un mínimo de dos para revisiones sistemáticas, pero también se debe justificar su elección. Según el Cochrane Handbook, el objetivo de las búsquedas es identificar todos los estudios relevantes disponibles, lo que requiere desarrollar estrategias lo más sensibles posibles, sin perder de vista la pertinencia de los resultados (7). Debemos hacer balance entre la precisión y exhaustividad pero teniendo en cuenta que el objetivo de una búsqueda para una RS es identificar todos los estudios pertinentes (maximizar la sensibilidad pero con una precisión razonable). Una de las cuestiones más complicadas es cuando dar por finalizada la búsqueda. En este equilibrio entre amplitud y relevancia, la experiencia del bibliotecario resulta fundamental.
  3. Ampliar la búsqueda más allá de las bases de datos. La inclusión de fuentes como motores de búsqueda, registros de ensayos clínicos, literatura gris, búsqueda complementaria de citas (forward y backward) y el contacto con expertos puede ser clave para identificar estudios que de otro modo pasarían desapercibidos.
  4. Incluir estudios no publicados. Dado que una parte significativa de los estudios completados no se publican (12), buscarlos activamente en registros, literatura gris o sitios web especializados contribuye a mitigar el sesgo de publicación (13).
Tipo de sesgoDescripciónEstrategias para minimizarlo
Sesgo de identificaciónNo se recuperan todos los estudios relevantes.Diseñar una estrategia exhaustiva con ayuda de un bibliotecario experto
Usar ≥2 bases de datos
Evitar el uso uso de filtros/límites
Ampliar con búsquedas complementarias
Sesgo de publicación o diseminaciónSolo se publican ciertos tipos de resultados, como los positivos.Buscar literatura gris
Consultar registros de ensayos clínicos
Contactar expertos
Incluir estudios no publicados

Un dato revelador

Greenhalgh y Peacock (14) encontraron que solo el 25% de los artículos incluidos en su revisión fueron recuperados a través de bases de datos electrónicas. El resto provino de rastrear citas, conocimiento personal, contactos o búsqueda manual.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Metzendorf MI, Featherstone RM. Ensuring quality as the basis of evidence synthesis: leveraging information specialists’ knowledge, skills, and expertise. Cochrane Database of Systematic Reviews 2018, Issue 9. Art. No.: ED000125. doi: 10.1002/14651858.ED000125.
  2. Campos-Asensio C. Sesgo de publicación y sesgos relacionados. 2023. Available from: https://bibliogetafe.com/2023/11/09/sesgo-de-publicacion-y-sesgos-relacionados/ [Last accessed: 6/23/2025].
  3. Campos-Asensio C. Sesgos en la localización de estudios para una revisión sistemática. 2021. Available from: https://bibliogetafe.com/2021/05/17/sesgos-en-la-localizacion-de-estudios-para-una-revision-sistematica/ [Last accessed: 6/23/2025].
  4. McGowan J, Sampson M. Systematic reviews need systematic searchers. JMLA 2005;93(1):74–80.
  5. Rethlefsen ML, Farrell AM, Osterhaus Trzasko LC, Brigham TJ. Librarian co‐authors correlated with higher quality reported search strategies in general internal medicine systematic reviews. Journal of Clinical Epidemiology2015;68(6):617–26. doi: 10.1016/j.jclinepi.2014.11.025
  6. McGowan J. Sampson M, Salzwedel DM, Cogo E, Foerster V, Lefebvre C. PRESS peer review of electronic search strategies: 2015 guideline statement. J Clin Epidemiol. 2016.75:40–46. doi: 10.1016/j.jclinepi.2016.01.021
  7. Lefebvre C, Manheimer E, Glanville J. Chapter 6: Searching for studies. In: Higgins JPT, Green S. (Editors). Cochrane handbook for systematic reviews of interventions version 5.1.0. Updated March 2011. Accessed July 27, 2022. https://handbook-5-1.cochrane.org/chapter_6/6_searching_for_studies.htm
  8. Aromataris E, Munn Z. Chapter 1: JBI systematic reviews. In: Aromataris E, Munn Z (Editors). In: JBI Manual for Evidence Synthesis. JBI; 2020. Accessed July 27, 2022. https://jbi-global-wiki.refined.site/space/MANUAL 
  9. Kugley S, Wade A, Thomas J, et al. Searching for studies: a guide to information retrieval for Campbell Systematic Reviews. Oslo: The Campbell Collaboration; 2017. Accessed July 27, 2022. doi: 10.4073/cmg.2016.1
  10. Rethlefsen ML, Murad MH, Livingston EH. Engaging medical librarians to improve the quality of review articles. JAMA. 2014;312(10):999-1000. doi:10.1001/jama.2014.9263
  11. Kirtley S. Increasing value and reducing waste in biomedical research: librarians are listening and are part of the answer. Lancet. 2016;387(10028):1601. doi:10.1016/S0140-6736(16)30241-0
  12. Campos-Asensio C. ¿Sabes cuantos ensayos clínicos que empiezan y llegan a terminarse nunca se publican? 2021. Disponible en: https://bibliogetafe.com/2021/04/12/sabes-cuantos-ensayos-clinicos-que-empiezan-y-llegan-a-terminarse-nunca-se-publican/ [Last accessed: 6/23/2025].
  13. Hong QN, Brunton G. Helping Trainees Understand the Strategies to Minimize Errors and Biases in Systematic Review Approaches. Educ Information. 2025;41(3):161–175; doi: 10.1177/01678329251323445.
  14. Greenhalgh, T., & Peacock, R. (2005). Effectiveness and efficiency of search methods in systematic reviews of complex evidence: Audit of primary sources. BMJ. 2005:331(7524), 1064–1065. doi: 10.1136/bmj.38636.593461.68

Los robots no vienen a reemplazarnos: los bibliotecarios podemos liderar la revolución de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial (IA) está transformando profundamente todos los sectores, y el ámbito bibliotecario no es la excepción. Lejos de suponer una amenaza, la IA representa una oportunidad histórica para que los profesionales de la información reforcemos nuestro papel como guías y mediadores en un entorno informativo cada vez más complejo.

Tras más de 35 años buscando información científica, nunca hemos experimentado una transformación como la que nos ofrece la inteligencia artificial. Es el momento de aprovechar esta oportunidad y ser parte del cambio

Los robots no vienen a sustituirnos. Al contrario: los bibliotecarios somos hoy más relevantes que nunca, especialmente si sabemos evolucionar junto a estas herramientas. Gracias al apoyo de esta tecnología, los bibliotecarios podemos liberar tiempo para centrarnos en tareas más creativas y estratégicas, diseñando nuevas formas de compartir conocimiento y facilitando el acceso a la información. La IA proporciona a bibliotecarios y otros profesionales de la información nuevas oportunidades para mostrar nuestras habilidades y proporcionar aún más valor a los usuarios. Para ello debemos mantenernos informados sobre las últimas herramientas de IA y dominar el arte de la ingeniería de prompts. Solo así conseguiremos posicionarnos en vanguardia de la revolución de la IA.

La IA no nos reemplaza (los bibliotecarios), nos libera para pensar.

Los bibliotecarios estamos estratégicamente posicionados para destacar en esta nueva era. Dominamos el arte del algoritmo de búsqueda, que va mucho más allá de encontrar información: implica comprender las necesidades del usuario, anticipar preguntas y guiarlo a través de un océano de datos hacia fuentes fiables, pertinentes y de calidad. Esta habilidad nos permite no solo acceder a información de manera eficiente, sino también evaluar su relevancia y credibilidad, asegurando así que los usuarios reciban respuestas de alta calidad a sus consultas. Nuestra formación nos capacita para utilizar tecnologías avanzadas y estrategias de investigación que enriquecen la experiencia de aprendizaje de nuestros usuarios. También tenemos la responsabilidad de educar al público sobre cómo interactuar de forma crítica y segura con estas herramientas emergentes.

La IA puede generar una estrategia de búsqueda, sí. Pero solo nosotros sabemos si esa estrategia tiene sentido.

Los desafíos: veracidad, alfabetización, transparencia y privacidad

Uno de los principales riesgos de los grandes modelos de lenguaje es la ilusión de veracidad. Estos sistemas pueden generar textos que suenan correctos, pero que no necesariamente lo son. La IA no entiende el significado de lo que produce: simplemente predice cuál es la palabra más probable que debe aparecer a continuación.

El uso sin crítica puede llevar a la propagación de información falsa en la investigación. Por ello, es fundamental desarrollar una alfabetización en IA que permita evaluar críticamente tanto la información que proporcionan estas herramientas.

«La inteligencia artificial no reemplaza el juicio experto; sin embargo, tiene la capacidad de potenciarlo de maneras significativas y, en algunos casos, puede distorsionarlo de formas inesperadas.»

Es imprescindible mantener principios de transparencia sobre el uso de herramientas de IA y responsabilidad en la verificación de la información generada. Debemos establecer prácticas claras para citar apropiadamente el trabajo asistido por IA y garantizar que las contribuciones humanas y artificiales sean debidamente reconocidas.

La privacidad es otra preocupación importante cuando se trata del uso de IA. Los sistemas de IA dependen de grandes cantidades de datos, datos que pueden incluir información confidencial sobre los usuarios. El uso de herramientas de IA puede exponer una biblioteca a los riesgos de ciberseguridad.

Conclusión

Los bibliotecarios no seremos sustituidos por la inteligencia artificial. Seremos reemplazados, eso sí, solo si decidimos no adaptarnos. Pero si abrazamos el cambio, nos formamos y lideramos la adopción crítica de estas herramientas, podremos consolidar nuestro papel como actores clave en la revolución del conocimiento.

Si no estamos en la conversación sobre IA, otros decidirán por nosotros. La revolución ya ha comenzado. Es momento de estar al frente.

El futuro no está escrito. Y nosotros —como tantas veces— ayudaremos a su desarrollo.

Lista de verificación para ayudar al bibliotecario a decidir su participación en una revisión sistemática

Los bibliotecarios tenemos poco control sobre la terminación de los proyectos de revisiones sistemáticas. Sin embargo, dado que la mayor parte del trabajo del bibliotecario se realiza al comienzo del proyecto, el tiempo y esfuerzo invertido es con frecuencia el mismo, independientemente de que el proyecto de revisión consiga publicarse o sea abandonado. Esta situación plantea importantes reflexiones sobre la naturaleza de nuestro trabajo, ya que, a pesar de la falta de control en los resultados finales, nuestro papel es fundamental para la calidad de la revisión. Además, nuestra capacidad para colaborar con investigadores y académicos desde el inicio del proceso no solo mejora la metodología, sino que también contribuye a establecer estándares que pueden influir en el éxito del proyecto. Por lo tanto, aunque los resultados puedan variar, la dedicación y el esfuerzo que aportamos son de enorme valor y forman parte integral del proceso de investigación.

Por eso, es importante tener presente la siguiente lista de comprobación o checklist antes de comprometer nuestra participación del bibliotecario en una revisión sistemática:

  • ¿Pueden los investigadores describir claramente la pregunta de investigación?
  • ¿Han establecido los investigadores criterios de inclusión y exclusión?
  • ¿Parece que el alcance de la pregunta de investigación es manejable (no es probable que se obtengan demasiados estudios elegibles)?
  • ¿Parece que la pregunta de investigación merece la pena (no es probable que no haya o que haya muy pocos estudios elegibles)?
  • ¿Se ha preparado un protocolo?
  • ¿Conocen y planea el equipo de revisión seguir las normas de buenas prácticas?
  • ¿Está de acuerdo el equipo revisor con un enfoque de búsqueda exhaustivo (por ejemplo, búsqueda en todas las bases de datos clave, empleo de estrategias de búsqueda relativamente amplias)?
  • ¿El proceso de selección, extracción de datos y evaluación del riesgo de sesgo-calidad implicará la decisión de dos revisores de manera independiente?
  • ¿Parece el proyecto de investigación manejable para el número de miembros del equipo de revisión?
  • ¿Son realistas y viables los plazos de revisión?

Bibliografía

Campos Asensio, C. (2024). Papel estratégico del bibliotecario en las revisiones sistemáticas. CLIP De SEDIC: Revista De La Sociedad Española De Documentación E Información Científica, (90), 19–32. https://doi.org/10.47251/clip.n90.150

McKeown S, Ross-White A. Building capacity for librarian support and addressing collaboration challenges by formalizing library systematic review services. J Med Libr Assoc. 2019 Jul;107(3):411-419. doi: 10.5195/jmla.2019.443.