La ciencia «zombi» que amenaza la práctica clínica
Ya hablamos de «revisiones zombies» en BiblioGetafe, es decir, aquellas cuyos registros de protocolo están abandonados. Ahora hablamos de otros tipos de muertos vivientes: «los artículos zombi» que amenazan la práctica clínica.
La ciencia tiene un mecanismo de autocorrección que es necesario pero no perfecto: la retractación. Cuando se detecta un error grande, una mala práctica o un fraude en un artículo publicado, la revista emite una retractación y el trabajo queda oficialmente “retirado”. Sin embargo, muchos de estos artículos siguen circulando. Continúan siendo citados y aparecen en búsquedas, como si nada hubiera pasado. Es como una ciencia zombi: información que debería estar fuera de circulación, pero que sigue influyendo en el debate científico.

El problema se agrava cuando estos estudios se incluyen en revisiones sistemáticas y guías de práctica clínica. Si un estudio retirado se incluye en una revisión, puede contaminar las estimaciones de efecto, alterar las conclusiones y, en última instancia, distorsionar las recomendaciones clínicas y las decisiones de política sanitaria.
Poniendo cifras al problema
Un estudio publicado en JAMA Internal Medicine titulado “Inclusion of Retracted Studies in Systematic Reviews and Meta-Analyses of Interventions” y liderado por Graña Possamai C. (1) analizó hasta qué punto los estudios retractados consiguen infiltrarse en revisiones sistemáticas y metaanálisis, y qué ocurre cuando se eliminan de los cálculos. El equipo partió de un enfoque pragmático: utilizó una herramienta online para localizar revisiones sistemáticas publicadas en 25 de las revistas médicas de mayor impacto que citaban una o más “referencias problemáticas”. Después, verificaron manualmente cuáles de esas referencias eran retractaciones y repitieron los metaanálisis excluyendo los estudios retractados para observar cambios en estimaciones de efecto y en la interpretación de los resultados.
Los hallazgos son difíciles de ignorar:
- En total, se identificaron 61 revisiones sistemáticas con metaanálisis que habían incluido al menos un estudio retractado; de ellas, solo 11 fueron posteriormente republicadas, retractadas o retiradas, quedando 50 para el análisis principal.
- Esas 50 revisiones sistemáticas incluían 62 estudios retractados (58 de ellos llegaron a entrar en al menos un metaanálisis).
- La causa predominante de retractación estuvo relacionada con problemas de datos / integridad de los datos.
- En 13 revisiones, el estudio problemático ya estaba retractado antes de que la propia revisión se publicara: una señal clara de fallo en la verificación de los estudios durante la búsqueda y selección.
- En conjunto, dentro de esas 50 revisiones, 173 metaanálisis incorporaban al menos un estudio retractado.
¿La inclusión de estos estudios retractados altera realmente las conclusiones de la evidencia?
La pregunta clave es si la inclusión de estudios retractados altera realmente lo que concluimos a partir de la evidencia. Y la respuesta del estudio es clara. Cuando los autores repitieron los metaanálisis excluyendo los artículos retractados, la significación estadística cambió en 18 metaanálisis: 15 pasaron de “significativo” a “no significativo”, pero 3 cambiaron en sentido contrario (de “no” a “sí”). Este tipo de giro, sobre todo cuando se pierde significación, puede tener consecuencias directas en cómo se interpreta la utilidad de una intervención.
Ahora bien, el editorial que acompaña al artículo apunta algo aún más interesante: el problema no es solo “si funciona”, sino cuánto parece funcionar. En los 64 metaanálisis que evaluaban resultados primarios, la presencia de estudios retractados modificó la magnitud del efecto de forma nada despreciable: ≥10% en 27 (42%), ≥30% en 16 (25%) y ≥50% en 12 (19%).

Y hay un detalle con implicaciones clínicas: esas variaciones en la magnitud del efecto a menudo se desplazaban a favor de la intervención, es decir, podían inflar artificialmente su aparente eficacia.
Si algo deja este análisis es una idea incómoda pero útil: un estudio retractado no siempre “rompe” la conclusión, pero puede empujarla lo suficiente como para cambiar la percepción del beneficio… y con ello, la decisión.
Solución compartida y cómo detectarlo
La solución no recae sobre un único actor: es una responsabilidad compartida, todos los agentes implicados tienen un papel que desempeñar para reducir el impacto de la evidencia retractada en la síntesis.
Los autores de revisiones deben de verificar “estatus de retractación”. Esto no es siempre fácil dado que el estado de retractación no siempre es evidente en las bases de datos bibliográficas.
Aquí es donde tiene sentido apoyarse en recursos externos y de vigilancia (2), por ejemplo: Retraction Watch Database (https://retractionwatch.com/), Problematic Paper Screener específicamente su detector «Feet of Clay» (https://dbrech.irit.fr/pls/apex/f?p=9999%3A31) y la revisión post-publicación en PubPeer (https://pubpeer.com). Otra posibilidad es aprovechar las funciones de notificación de retractaciones integradas en herramientas como Zotero o EndNote, que se alimentan de la base de datos de Retraction Watch.

Es igualmente recomendable que los autores realicen una nueva evaluación de los estudios incluidos justo antes de la publicación definitiva de la revisión para detectar cambios de estatus recientes.
Otras posibilidades sería que los autores creasen alertas automáticas en las bases de datos que les notificaran de aquellos artículos que han citado cuando este es retractado.

https://pubpeer.com)Las guías metodológicas de síntesis de evidencia deben recomendar formalmente la “detección de retractaciones” con estrategias específicas; así se podría incluir en las listas de verificación PRISMA (3).
A nivel de postpublicación, si un estudio incluido en una revisión es retractado después de su publicación, las revistas deben añadir correcciones o notificar a los lectores y, cuando sea factible, recomendar realizar un reanálisis del metaanálisis excluyendo el estudio retractado para evaluar si los resultados y las conclusiones se mantienen (3).

Por último, herramientas de cribado especializadas como Covidence o Rayyan podrían incluir una funcionalidad para asegurar que el estatus de retractación sea reconocible.
Hacia una evidencia más robusta y fiable
El crecimiento sostenido de las retractaciones, que superó el umbral récord de 10.000 en 2023 (4), es un desafío directo para la integridad de la evidencia científica. La parte más preocupante no es la retractación en sí, sino su “vida posterior”, es decir, artículos que deberían quedar fuera del corpus siguen circulando, se citan, se reanalizan y pueden acabar contaminando revisiones sistemáticas, metaanálisis y, por extensión, guías de práctica clínica.
Es una responsabilidad compartida de investigadores, editores, plataformas y también de los bibliotecarios que sostenemos los flujos de búsqueda, verificación y síntesis de la evidencia el mitigar este problema. Hay que ir más allá con soluciones y asumiendo que «retractado» no significa automáticamente «inofensivo».
Bibliografía
- Grana Possamai C, Cabanac G, Perrodeau E, Ghosn L, Ravaud P, Boutron I. Inclusion of Retracted Studies in Systematic Reviews and Meta-Analyses of Interventions: A Systematic Review and Meta-Analysis. JAMA Internal Medicine. 2025;185(6):702-9, doi: 10.1001/jamainternmed.2025.0256.
- Gross CP., Flanagin A., Perencevich EN., Inouye SK. Mitigating the Impact of Retracted Studies in the Medical Literature. JAMA Intern Med. 2025;185(6):621, doi: 10.1001/jamainternmed.2025.0251.
- Bakker C, Boughton S, Faggion CM, Fanelli D, Kaiser K, Schneider J. Reducing the residue of retractions in evidence synthesis: ways to minimise inappropriate citation and use of retracted data. BMJ Evid Based Med. 2024 Mar 21;29(2):121-126. doi: 10.1136/bmjebm-2022-111921.
- Van Noorden R. More than 10,000 research papers were retracted in 2023 – a new record. Nature. 2023 Dec;624(7992):479-481. doi: 10.1038/d41586-023-03974-8.
Preguntas frecuentes
¿Cómo saber si un artículo está retractado?
Comprueba el estatus en la base de datos donde lo localizaste (p. ej., registros con etiqueta de retractación) y contrástalo con recursos externos de vigilancia.
¿Qué pasa si un estudio retractado entra en un metaanálisis?
Puede cambiar la significación de resultados y, sobre todo, alterar la magnitud del efecto (el “cuánto funciona”), con impacto potencial en conclusiones y recomendaciones.
¿Qué herramientas ayudan a detectar retractaciones durante una revisión?
Útiles en la práctica: Retraction Watch, Problematic Paper Screener, PubPeer y alertas/avisos en gestores de referencias como Zotero (si el registro está identificado de forma compatible).
¿Basta con que el artículo esté retractado para “desactivarlo”?
No. El problema es la “vida posterior”: puede seguir citándose, entrar en síntesis y permanecer en resúmenes si no se verifica y corrige “aguas abajo”.
¿Qué pueden hacer las revistas/editoriales para reducir el daño?
Señalización inequívoca del estatus, metadatos coherentes y prácticas consistentes de comunicación de retractaciones (para que se vean claramente en cualquier buscador/basedatos).






























































