La inteligencia artificial es una fábrica de respuestas a gran velocidad, pero las bibliotecarias médicas somos el control de calidad del conocimiento

La IA puede procesar información, resumir documentos, sugerir términos, redactar textos aparentemente impecables y ayudarnos en muchas tareas. Pero no tiene responsabilidad profesional, no tiene memoria institucional, no entiende el daño que puede causar una mala evidencia en una decisión clínica y, desde luego, no va a presentarse en un comité a explicar por qué una revisión sistemática está mal planteada.

Su utilidad es enorme, pero sus límites también lo son. Y en ciencias de la salud esos límites no son un asunto menor: una respuesta convincente, pero falsa o metodológicamente débil, puede influir en decisiones clínicas, docentes, investigadoras o de gestión.

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El valor del juicio crítico

Nuestro valor diferencial está en el juicio crítico. En saber cuándo una respuesta es brillante pero falsa; cuándo una búsqueda parece suficiente, pero deja fuera estudios clave; cuándo una herramienta promete evidencia y en realidad entrega una mezcla de resúmenes, sesgos y referencias fantasma; cuándo un documento está muy bien escrito, pero metodológicamente no se sostiene.

Ahí las bibliotecarias de ciencias de la salud tenemos un papel muy claro: somos árbitras de la realidad. Y sé que suena un poco solemne, pero en este momento hace falta cierta solemnidad. Porque estamos entrando en una etapa en la que producir texto será facilísimo, producir apariencia de conocimiento será baratísimo y distinguir lo fiable de lo dudoso será cada vez más difícil.

Hay además un problema de escala. La IA permite producir contenidos a una velocidad muy superior a nuestra capacidad humana para revisarlos. Y no, la solución no puede ser simplemente poner otra IA a validar lo que la primera IA ha generado, porque precisamente lo que está en juego es la confianza en ese proceso. Una herramienta puede ayudar a detectar errores o priorizar revisiones, pero no puede asumir la responsabilidad de decidir qué aceptamos como evidencia.

Ese desfase entre producción automática y validación humana es uno de los grandes desafíos que vienen. Y ahí las bibliotecas de ciencias de la salud tienen un papel incómodo pero imprescindible: recordar que más contenido no significa más conocimiento, y que una respuesta generada en segundos puede necesitar mucho más que segundos para ser considerada fiable.

Por eso, en este contexto, la biblioteca no puede limitarse a enseñar “herramientas de IA”. Tiene que enseñar a pensar con IA, contra la IA cuando haga falta, y más allá de la IA siempre.

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La metáfora: una fábrica de respuestas

Para explicarlo de forma gráfica, he utilizado esta imagen: un hospital del futuro convertido casi en una fábrica de conocimiento asistida por inteligencia artificial. La IA produce en cadena artículos, guías clínicas, informes, resúmenes, referencias y recomendaciones con una apariencia impecable. Todo parece rápido, limpio, eficiente y profesional. Pero algunos de esos productos llevan señales de alerta: sesgo, evidencia débil, fuente no verificada, referencia fantasma, riesgo de alucinación.

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La IA puede producir respuestas a gran velocidad; la biblioteca garantiza que esas respuestas sean fiables, trazables, éticas y útiles para la toma de decisiones en salud.

En primer plano aparece una bibliotecaria de ciencias de la salud revisando esos productos como si fuera una inspectora de control de calidad. No está compitiendo con la máquina en velocidad. No pretende producir más documentos que la IA. Su función es otra: comprobar la trazabilidad, evaluar la calidad metodológica, detectar errores, valorar la aplicabilidad clínica, revisar la evidencia y decidir qué puede considerarse fiable.

La metáfora es sencilla: la inteligencia artificial puede ser una fábrica de respuestas; las bibliotecarias somos el control de calidad del conocimiento. Y en salud, esto no es una cuestión estética ni corporativa. Una respuesta rápida pero falsa no es innovación: es riesgo con buena presentación.

La inteligencia artificial puede ser una fábrica de respuestas; las bibliotecarias somos el control de calidad del conocimiento.

Ética, privacidad y responsabilidad

También aportamos ética profesional. La IA no tiene deontología. No defiende la privacidad del usuario. No se preocupa por la equidad en el acceso. No se pregunta si una herramienta discrimina, si sus datos de entrenamiento son representativos, si sus resultados son transparentes o si está trasladando al usuario una falsa sensación de certeza. Nosotras sí deberíamos hacerlo.

Y, además, deberíamos estar en las mesas donde se decide qué herramientas se compran, cómo se implantan, con qué garantías, con qué límites y con qué evaluación. La incorporación de IA en instituciones sanitarias y académicas no debería ser solo una decisión tecnológica o comercial. También es una decisión ética, informacional y metodológica.

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Investigación: la búsqueda no es apretar un botón

En investigación, nuestro valor es todavía más evidente. En una revisión sistemática, la IA puede ayudar en el cribado, en la extracción o en la organización de información, pero no sustituye la arquitectura intelectual de una búsqueda reproducible, sensible, transparente y justificable.

Traducir una pregunta clínica compleja en una estrategia de búsqueda no es apretar un botón: es tomar decisiones metodológicas, documentarlas y responder por ellas. Y eso, aunque a veces se olvide, es conocimiento experto.

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Clínica: medicina inteligente, decisiones humanas

En clínica, el reto será parecido. La medicina se dirige hacia modelos cada vez más basados en datos, sistemas de apoyo a la decisión, algoritmos predictivos y herramientas integradas en la historia clínica. Pero la consigna debería seguir siendo muy sencilla: medicina inteligente, decisiones humanas.

Y en esa cadena de decisiones humanas, la biblioteca puede aportar algo esencial: evidencia validada, contexto, trazabilidad y prudencia.

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La mediación humana también cuenta

Luego está el componente humano, que conviene no romantizar, pero tampoco despreciar. La IA puede contestar; una bibliotecaria puede acompañar. Puede entender que detrás de una pregunta hay una tesis bloqueada, un residente perdido, una enfermera preparando una sesión, un clínico con una duda real o un paciente asustado.

Esa mediación humana, esa capacidad de traducir complejidad sin aplastar a quien pregunta, no es un adorno: es parte del servicio.

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La advertencia: la IA también genera sobrecarga

Ahora bien, quiero añadir una advertencia. Me preocupa que se nos pida ser líderes en IA con la misma plantilla, el mismo tiempo, el mismo presupuesto y, si puede ser, con una sonrisa.

Hay mucho discurso épico sobre la adaptación, pero poca conversación sobre la sobrecarga. La IA está generando nuevas tareas: formación, evaluación de herramientas, guías de uso, apoyo a investigadores, dudas docentes, problemas éticos, privacidad, derechos de autor, sesgos, integridad científica. Todo eso no se sostiene solo con vocación.

La vocación es magnífica, pero no debería ser el nombre elegante de trabajar siempre por encima de nuestras posibilidades.

Así que mi respuesta sería: lo que la IA no puede sustituir es nuestro juicio profesional, nuestra responsabilidad ética, nuestra capacidad de mediación, nuestra comprensión del contexto institucional y nuestra función como garantes de confianza. Pero para ejercer ese papel necesitamos algo más que entusiasmo tecnológico. Necesitamos reconocimiento, formación, tiempo, estructura y presencia estratégica.

Porque si la institución quiere que la biblioteca sea el “humano confiable en el bucle”, tendrá que dejar de tratarnos como el enchufe múltiple al que se conecta todo lo que nadie sabe dónde poner.

La IA no nos sustituirá por saber más que nosotras; nos sustituirán las instituciones si aceptan que una respuesta rápida vale más que una respuesta fiable.

Entre la vocación y la sobrecarga: el impacto humano de la IA en bibliotecas

Hablamos mucho de lo que la IA puede hacer en bibliotecas. Quizá no hablamos suficiente de lo que está exigiendo a quienes trabajan en ellas.

Este guest post de The Scholarly Kitchen (https://scholarlykitchen.sspnet.org/2026/03/04/guest-post-ai-fatigue-and-vocational-awe-in-academic-libraries/) aborda un tema muy pertinente: la fatiga asociada a la IA en bibliotecas académicas. No desde el rechazo a la tecnología, sino desde una mirada profesional y organizativa.

La tesis es clara: la implantación acelerada de herramientas de IA generativa está añadiendo nuevas tareas, nuevas expectativas y nuevas presiones sobre el personal bibliotecario. Formación, acompañamiento, criterios de uso, resolución de dudas, elaboración de materiales, apoyo a docentes e investigadores… Todo ello, muchas veces, sobre estructuras ya tensionadas.

El artículo recupera además el concepto de idealización vocacional (conocido en la literatura anglosajona como vocational awe) y su intersección con la inteligencia artificial en el ámbito bibliotecario, útil para pensar cómo en bibliotecas a veces se normaliza asumir más responsabilidades en nombre del servicio, la adaptación o la misión profesional.

Porque la transformación digital no se sostiene solo con herramientas, se sostiene con personas. La IA no debe ser una frontera más que el bibliotecario deba conquistar mediante el sacrificio individual.

Y si las instituciones quieren una integración responsable de la IA, no basta con pedir liderazgo al personal bibliotecario: hace falta tiempo, apoyo, formación, reconocimiento y una estructura real de acompañamiento.

Una lectura muy recomendable para bibliotecarios, responsables académicos y gestores que quieran pensar la IA no solo como innovación, sino también como cambio organizativo con impacto humano.

Curso de acogida de residentes 2025: la alfabetización informacional en la era de la inteligencia artificial

El pasado 10 de junio participé, como cada año, en el curso de acogida y bienvenida a los nuevos residentes del Hospital Universitario de Getafe. Esta intervención, centrada tradicionalmente en los fundamentos de la búsqueda bibliográfica y los recursos de la biblioteca, ha ido evolucionando en los últimos años para dar cabida a los profundos cambios que la inteligencia artificial (IA) está generando en los procesos de búsqueda de información científica.

Les presenté el funcionamiento de la Biblioteca Virtual, un recurso esencial para el acceso a la información científica de calidad. Les mostré cómo registrarse correctamente en el portal para poder acceder, desde cualquier dispositivo y ubicación, a una amplia colección de bases de datos especializadas, revistas científicas, libros electrónicos y otros recursos suscritos por la red sanitaria pública. Hicimos especial hincapié en la importancia de utilizar estas fuentes institucionales frente a buscadores generalistas, y en cómo aprovechar al máximo los servicios disponibles para apoyar tanto la práctica clínica como sus actividades formativas e investigadoras.

En la edición de 2024, la IA ocupó aproximadamente un tercio del contenido. Este año, sin embargo, ha constituido ya la mitad de mi presentación, reflejo de su creciente relevancia tanto en la práctica clínica como en el proceso de aprendizaje e investigación de nuestros profesionales en formación.

Los propios residentes reconocieron utilizar con frecuencia herramientas de IA generativa —principalmente modelos como ChatGPT— para resolver dudas clínicas, localizar información rápida o redactar textos. Esta admisión evidencia una realidad incuestionable: la IA ya forma parte del entorno de trabajo cotidiano del personal sanitario. Sin embargo, también pone de manifiesto una necesidad urgente: formar a los nuevos profesionales en el uso crítico, seguro y eficaz de estas herramientas.

Durante la sesión, abordamos conceptos esenciales para entender la búsqueda de información basada en evidencia, desde el triángulo de la búsqueda eficiente hasta la jerarquía de las fuentes. En este contexto, presenté el papel complementario —que no sustitutivo— de la inteligencia artificial en la búsqueda bibliográfica. Se mostraron ejemplos concretos de herramientas de IA aplicadas a distintas fases del proceso: desde asistentes conversacionales como ChatGPT o Claude, hasta motores de síntesis como Elicit, y plataformas de análisis de citaciones como Scite.

Subrayé especialmente los riesgos de desinformación y sesgos si se emplean estas herramientas sin una evaluación humana crítica, y proporcioné orientaciones prácticas sobre cómo formular prompts efectivos.

Nuestro compromiso desde la biblioteca es acompañar esta transición, ofreciendo recursos de calidad, formación continua y apoyo experto. Porque saber buscar sigue siendo —más que nunca— una competencia esencial para el ejercicio profesional informado, riguroso y basado en la mejor evidencia disponible.

¿Qué hacen los bibliotecarios de hospital?

Cómo muchos de vosotros ya sabéis, soy bibliotecaria de ciencias de la salud en el Hospital Universitario de Getafe y con anterioridad del Hospital Central de la Cruz Roja. Me defino como especialista en documentación científica en ciencias de la salud y en documentos de síntesis de evidencia científica como revisiones sistemáticas y revisiones de alcance. Docente de cursos de competencias informacionales (alfabetización informacional) en ciencias de la salud orientados a profesionales sanitarios y profesionales de la información. Y, por último, produzco y difundo información científica a través de publicaciones científicas (https://orcid.org/0000-0003-2724-2563), mi blog biblioGetafe (https://bibliogetafe.com) y redes sociales como Twitter (https://twitter.com/biblioGetafe) o LinkedIn (https://es.linkedin.com/in/concepción-campos-asensio-28089721).

Los bibliotecarios de ciencias de la salud desempeñamos un papel importante dentro de los hospitales. Somos expertos en la recuperación y evaluación de la información necesaria para el apoyo de la toma de decisiones clínicas, científicas y de gestión basadas en el conocimiento y la evidencia en todas las instituciones sanitarias. Los bibliotecarios de ciencias de la salud también tenemos la responsabilidad de formar a los profesionales sanitarios en los mejores métodos de recuperación para la práctica basada en el conocimiento, la investigación y el aprendizaje permanente.

Los bibliotecarios médicos, también conocidos como profesionales de la información sanitaria, especialistas en información médica o sus múltiples variantes, buscan, analizan, proporcionan acceso y presentan información esencial que mejora la atención al paciente y apoya la educación, la investigación y la publicación médica y sanitaria.

Los bibliotecarios de hospital buscan, analizan, proporcionan acceso y presentan información esencial que mejora la atención al paciente y apoya la educación, la investigación y la publicación médica y sanitaria.

Como ya vimos en la anterior entrada «Impacto y valor de los servicios de las bibliotecas de hospital» desempeñan muchas funciones críticas en el hospital actual, ya que proporcionan la información adecuada en el momento adecuado de diversas maneras para mejorar la eficacia del hospital y del personal médico, optimizar la atención al paciente, mejorar los resultados del paciente y aumentar la satisfacción del paciente y de la familia con el hospital y sus servicios. Dado que los bibliotecarios de hospital y sus servicios proporcionan un excelente retorno de la inversión para el hospital y le ayudan a mantener su ventaja competitiva, el personal del hospital debe tener acceso a los servicios de un bibliotecario profesional.

Las bibliotecas biomédicas tienen unos usuarios únicos, con grandes exigencias y recursos y colecciones costosos. La capacidad de la biblioteca para responder a las necesidades de información en ciencias de la salud de la institución no es suficiente, debemos mantenernos actualizados de los nuevos avances (p. ej.: IA) y debemos visualizar y difundir de forma calculada y creativa nuestro trabajo para evitar la incesante percepción de que somos prescindibles.

Teniendo esto último presente, acepté la ocasión que me ofreció el jefe de la Unidad de Documentación del Hospital de Getafe, Javier Gómez, de que David Sañudo me entrevistara en la Cadena Ser. Agradezco a los dos la oportunidad y aquí os dejo el audio y el enlace:

La biblioteca científica del Hospital de Getafe tramitó 4.000 préstamos de libros y revistas especializadas en el último año | Ocio y cultura | Cadena SER

Impacto y valor de los servicios de las bibliotecas de hospital

Demostrar el valor y el impacto de los servicios bibliotecarios en el entorno hospitalario puede ser un desafío, especialmente en términos de justificar recursos limitados y asegurar el apoyo institucional continuo.

En una revisión sistemática de Weightman del 2005 encontró evidencias del cómo los servicios de las bibliotecas de centros sanitarios pueden influir en los resultados de los pacientes (Figura 1).

Figura 1. Impacto de los servicios de las bibliotecas de centros sanitarios en los resultados de los pacientes.

En esta misma revisión se evidenció una reducción del 10-19% en la duración de la estancia del paciente.

También hay evidencia de cómo la información proporcionada por los bibliotecarios médicos mejoró la atención de los pacientes (Figura 2).

Figura 2. Impacto de la información proporcionada por los bibliotecarios de centros sanitarios en la atención de los pacientes.

Los hospitales tienen multitud de necesidades y recursos limitados. Por esto es Importante comunicar el valor añadido que aporta la Biblioteca al Hospital en su labor educativa, investigadora y clínica.

Las bibliotecas de ciencias de la salud ha de estar apoyando las misiones del Hospital proporcionando los mejores recursos, colecciones y servicios posibles, y seguir centrada en su objetivo de demostrar continuamente su valor comprometiéndose con los usuarios y siendo percibida no como una unidad de apoyo, sino como un socio integral a nivel clínico, académico e investigador.

BIBLIOGRAFÍA

Aitken, EM, Powelson, SE, Reaume, RD, & Ghali, WA (2011). Involving clinical librarians at the point of care: results of a controlled intervention. Academic Medicine, 86(12), 1508-1512. DOI: 10.1097/ACM.0b013e31823595cd

Brettle, A., Maden, M. and Payne, C. (2016), The impact of clinical librarian services on patients and health care organizations (full text). Health Information and Libraries Journal, 33: 100–120. DOI: 10.1111/hir.12136

McGowan, J, Hogg, W, Campbell, C, & Rowan, M (2008), Just-in-time information improved decision-making in primary care: a randomized controlled trial. PLoS One, 3(11), e3785. DOI: 10.1371/journal.pone.0003785

Marshall JG, Sollenberger J, Easterby-Gannett S, et al. The value of library and information services in patient care: results of a multisite study. Journal of the Medical Library Association,101(1):38-46. DOI: 10.3163/1536-5050.101.1.007

Weightman, A. L., & Williamson, J. (2005). The value and impact of information provided through library services for patient care: A systematic review. Health Information & Libraries Journal, 22(1), 4-25. https://doi.org/10.1111/j.1471-1842.2005.00549.x

Búsqueda de información, calidad de la evidencia científica y recursos de la biblioteca del Hospital de Getafe

Dentro del curso de «Principios básicos  en investigación clínica» que ha comenzado a celebrarse hoy en el Hospital Universitario de Getafe, he impartido una clase sobre la búsqueda de información, calidad de la evidencia científica y recursos de la Biblioteca del Hospital de Getafe.

Comparto con todos mi presentación, esperando os resulte de interés.